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Testimonio sobre
Monsieur Portal

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[ Légaut por el mismo ]

Este texto es de 1952. Es contemporáneo de otros dos "testimonios" recogidos en Trabajo de la fe («Confesión de un intelectual» y «El testimonio del adulto»). Y es importante para comprender la vida y la obra de Légaut. Si Légaut no lo incluyó en Trabajo de la fe, fue por discreción y por considerar que era mejor que sus libros, aun siendo “de itinerario”, no incluyesen noticias personales (ver su “Introducción” a HBH).

Inicialmente fue una alocución, en la cripta de Fourvière (Lyon), a un grupo de la Parroquia Universitaria. Con cincuenta y dos años, después de doce de haber dejado la Universidad, Légaut habla en público, por primera vez, de lo que, para él y para sus «camaradas», significó encontrar a Monsieur Portal en los años 20. M. Portal fue el «discípulo» que los inició en un «don total» de nuevo estilo, adecuado a los nuevos tiempos. Fue su origen; quien les ayudó a nacer a una nueva vida.

La intensidad que transmite este texto atraviesa la obra de Légaut y forma parte de su núcleo. Todo lo que él escribirá acerca de la relación de paternidad-filiación, y de su papel esencial en la transmisión espiritual, proviene de este «bienaventurado encuentro». De la misma forma que la razón de ser de un maestro no es, en última instancia, tener discípulos sino formar nuevos maestros, y la de los los padres no es engendrar hijos sino nuevos padres, en el orden espiritual, ya desde el principio, aunque sea implícitamente, no hay rangos, pese a las edades y a las diferencias de experiencia, sino una fraternidad especial. El hijo, cuanto más adulto es y más es capaz él mismo de ser principio de vida, tanto más sabe lo que le debe a quien estuvo al principio de la suya. La libertad es proporcional a este conocimiento. Y Légaut, en este texto, lo transmite estupendamente.