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El otro y el prójimo

Es una meditación de 1958 que, en Trabajo de la fe, viene a continuación de «El fracaso en el plano de la existencia» (texto que, sin embargo, es posterior, de 1961). La razón de su posición en el libro es que esta meditación es, en cierto modo, una generalización y una síntesis de lo que Légaut desarrolla en el capítulo anterior de forma más particular, en relación con el amor humano, la paternidad y la "misión" personal de cada uno.

Ambos textos responden a un mismo esfuerzo: hablar de la vida espiritual real; no de "lo que debería ser" la vida espiritual sino de lo que la vida espiritual "es" en el hombre real. Este esfuerzo de autenticidad lleva a Légaut, en ambos textos, a avanzar en lo que luego denominará la «carencia de ser»; «carencia» cuya realidad sólo la «fe» (entendida como Légaut expondrá en El hombre en busca de su humanidad) nos permite mirar sin autodefensas y no desfallecer.

El núcleo de esta meditación incluye una reflexión expresa de la parábola del «buen samaritano». Es un ejercicio de aproximación a un texto evangélico no tanto desde las creencias sino desde la fe (fe que también animó la vida de Jesús). Es, por tanto (sobre todo en su primera y segunda parte), un ejemplo de la forma de abordar Légaut los Evangelios desde la propia experiencia humana; considerándolos más (al menos inicialmente) como textos para pensar que como otra cosa.

Por otra parte, en esta meditación también apunta otra constante en Légaut: explorar la diferencia entre lo espiritual y lo meramente ético o moral; que es lo recoge una ley o una doctrina determinada, compartida por un colectivo. La «carencia de ser» no se descubre tanto, según Légaut, en lo que dejamos de cumplir respecto de una ley general cuanto en lo que descubrimos como «imposible necesario» dado lo que se nos exige interiormente, nos atañe personalmente y nos singulariza respecto del resto.

[ Trabajo de la fe, AML, Valencia, 1996, págs. 115-135 ]