Boletín
Enero 2019


SI NO PUEDE VER CORRECTAMENTE ESTE COMUNICADO, POR FAVOR HAGA CLIC AQUI

Queridos amigos y simpatizantes de la Asociación Marcel Légaut:

Continuamos con la tarea de ir subiendo periódicamente a la web los escritos publicados en los Cuadernos de la diáspora (CD) de años anteriores. Esperamos que la recepción de este Boletín sea una ocasión favorable para alguna relectura y para algún descubrimiento por su parte.
Cualquier comentario, reacción o sugerencia que nos envíen será de sumo interés para nosotros.

Domingo Melero
por el Consejo de Redacción de la Web


 

Desde este momento está disponible, en el CD-12, el Texto de Marcel Légaut « LA ESPIRITUALIDAD [1] ».

Como ya se dijo en el Cuaderno de la diáspora 12, este texto es un fragmento de la segunda parte de Paciencia y pasión de un creyente, un libro-entrevista publicado en 1976, con reediciones en 1990 y 2000. De la entrevista se suprimen aquí las preguntas y se hace de todo el texto un solo cuerpo.

Después de hablar de cuestiones biográficas en la primera parte, Légaut pasa a tratar de lo que Jesús significa en su vida y, a partir de ahí, a hablar también de algunas de las grandes cuestiones de siempre en torno a «la espiritualidad». Hasta aquí llega lo publicado en este Cuaderno 12. En el siguiente Cuaderno nº 13, se completará este texto, con epígrafes que profundizan en la base humana de la espiritualidad (ser uno mismo, la pareja, el celibato, el tiempo, y la muerte).

Uno de los motivos de interés de este fragmento que hoy compartimos en la Web es que contiene una explicación expresa de lo que Légaut entiende por «cumplimiento». Cumplimiento no es, sin más, sinónimo de realización humana, aunque esta pueda ser consecuencia de aquel. Légaut habla de un cumplimiento que, por su profundidad, puede ser comunión con el ser de Dios. Esta consumación es el fruto de una verdadera creación por parte del hombre; exige «una actividad inseparable de lo que somos pero de la que, sin embargo, ni tenemos la iniciativa ni sabemos el fin que persigue». Tal cumplimiento solo se vislumbra si sabemos trascender los acontecimientos, el sufrimiento, la muerte incluso.  

En estas páginas, Légaut habla, además, de entrever la «divinidad» de Jesús a la luz de la experiencia de su propia vida y de lo que alcanza a entender de lo que Jesús vivió con sus discípulos. También a la luz de su propia experiencia Légaut da sentido y contenido a algunos elementos centrales de su visión del Cristianismo. Además de la cuestión de la «divinidad de Jesús», Légaut habla de su forma de entender la «misión», de la realidad de «lo que pasó después de la muerte de Jesús», de la naturaleza de la misión de la Iglesia y de la «fe», que no hay que confundir ni con la creencia en unas creencias ni con la «confianza» pues lo contrario de la fe es el escepticismo radical o el fatalismo o el nihilismo y no es la increencia en unas creencias determinadas ni la desconfianza.

La íntima relación que hay entre la experiencia de la propia vida y el acceso al misterio de la divinidad lleva a Légaut, por una parte, a cuestionar la forma habitual de separar acción y contemplación, y, por otra, a hablar de la oración y de los ritos y, muy especialmente, de la Cena que es el rito central del discipulado.